19 noviembre, 2011

Divina Sarah Bernhardt


Un día, leyendo la página en que Flaubert pinta a Salambó vestida de una tela desconocida, Sarah exclamó: “¡Yo quiero una igual!”. Al cabo de algunas semanas, la tela existía. Ella misma la había formado; ella misma la había ideado. ¿Sabéis cómo? Jean Lorrain va a explicárnoslo: “La trágica —dice— me reveló la metamorfosis de su terciopelo color de hortensia marchita con reglejos azulados, ese terciopelo que parece una ilusión. Para lograr sus matices, tuvo la idea de hacer macerar a martillazos una pieza de terciopelo de Venecia color rosa auroral y luego la sometió a fumigaciones de azufre y de azafrán para darle un tinte nunca visto. Sobre ese tinte, un dibujante ha trazado arabescos y flores de ensueño, animales heráldicos y sombra perversas, con un vaporizador especial.

Enrique Gómez Carrillo, Psicología de la moda femenina, 1907. 

2 comentarios:

Anónimo dijo...

siempre fascinante este blog - Luisa

Alba dijo...

¡Gracias!